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La Guerra en La Familia

Continued from page 4

Published on May 01, 2008

De casi 5 pies de altura, brazos delgados y el pelo negro peinado a puntas, González parece parte del sobrenombre de su banda “Duende.” En ese momento este jóven de 16 años cursaba el 9no. grado en la Bishop Ward High School y era un miembro relativamente nuevo de FL.

Ese martes, él fue a la escuela con el auto de su madre, un Oldsmobile Intrigue blanco.

Regresó a la casa después de la escuela para cuidar a sus hermanos hasta que su madre llegara del trabajo. Fue a la casa de su novia cuando empezaba a anochecer. Los dos estaban mirando la televisión cuando González recibió una llamada de Daniel Pérez Jr.

Este adolescente de ojos oscuros y pelo bien corto era el mejor amigo de González.

Ellos no asistían a la misma escuela, pero González dijo que se conocían de la calle.

En ese momento Pérez asistía a la Associated Youth Services, una escuela alternativa para aquellos jóvenes que han sido suspendidos de la escuela pública por un largo período de tiempo.

Pérez era miembro de FL desde principios de 2006. El mostró un tatuaje con las letras "FL", escrito en cursiva, en su pectoral izquierdo a un trabajador social en El Centro, según testimonios de la Corte. Le había sido dado el nombre de Silvestre, por el gato de los dibujos animados. Ese verano fue acusado de posesión de arma de fuego con un cañon más largo de 12 pulgadas y por obstrucción de la justicia. En diciembre fue nuevamente acusado por obstrucción de un proceso legal.

A principios de 2007, Pérez trató de retirarse de la pandilla. Le dijo a una maestra que su familia estaba pensando en mudarse a otro estado y que él podría así tomar distancia de la pandilla FL. Le había pedido al trabajador social si podía removerle el tatuaje y había empezado a trabajar en JC Penny en Overland Park.

El dejar de ser parte de Familia Loca, no era cosa fácil. Cisneros testimonió que dejar la pandilla podía ser peligroso. Sin la protección del grupo -explicó- un miembro de la pandilla arriesgaba de ser atacado por la pandilla rival.

Si estaba buscando una manera de salir de la pandilla, Pérez no la había encontrado hasta el 3 de Abril. Esa noche él llamó a Gonzáles para ir a la casa de Hernández.

Gonzáles declaró que no recuerda qué hora era pero que cuando ellos llegaron, una pistola estaba apoyada cerca de la puerta de entrada. Y -según González- Franco les dió instrucciónes en cuanto ellos llegaron. "El dijo que estábamos justo a tiempo para una misión que teníamos que hacer", Gonzáles testimonió.

González estaba sorprendido. Era martes por la noche y no era común hacer un "drive by shooting" los martes. Pero según estos dos miembros de la pandilla, Franco y Hernández, tenían una jerarquía alta en la Familia. Ellos eran capitanes. Tenían el derecho de dar órdenes. Si Gonzáles y Pérez se negaban a cumplirlas, ellos violarían las leyes y podrían ser castigados. Eso significa cualquier cosa desde puñetazos en la cara hasta ser matados..

Gonzáles declaró que Franco los llevó a un pequeño cuarto para explicarles la misión.

Franco dijo que Pérez tenía que ir al costado de la casa de Carlos Moreno, abrir una ventana y empezar a disparar. Pérez dijo que eso podría llevar mucho tiempo. Los dos discutieron. Hernández escuchó que discutían y sugirió que fuera a la puerta de entrada. Pérez no estaba convencido.

Según González, Hernández tomó la pistola y le apuntó. "Tú haz eso", ordenó.

Hernández le tiró arrojó el arma - una escopeta negra con un cañón con la empuñadura recortada como una pistola.

"Esta arma es demasiado grande", dijo González. Con su cuerpo pequeño, él argumentó, va a patear demasiado como para disparar bien.

"Ustedes son un manojo de maricones" , dijo Hernández.

Pérez y Gonzáles se sentaron silenciosamente en el cuarto durante unos minutos. Dice González que le dijo a Pérez que el tenía las llaves del auto. Ellos podían irse. González dijo que Pérez no quiso arriesgarse a faltar a su libertad condicional, pero él tampoco quería violar las reglas de la pandilla. Los dos regresaron al living. Pérez le dijo a Hernández que lo harían.

Según González, Hernández los llevó a ensayar el crimen.

González manejó, mientras Hernández le mostraba el camino, a pocas cuadras, calle abajo por la calle 14, luego Minnesota Avenue, después por un callejón cerca de la calle 17 y Amstrong. Hernández les señaló la casa y la puerta. El paquete de cigarrillos Newport de Moreno, todavía estaba en la repisa del porche.

González testificó que cuando volvieron, Franco se sentó en la mesa del comedor.

El llevaba guantes negros y estaba limpiando el arma con un ungüento que dijo, ocultaría las huellas digitales. Cerca de él había una caja con proyectiles con la punta roja. Franco le dió a Pérez un par de guantes negros y la pistola.

Pérez tiró la pistola en el asiento trasero del auto de González y la cubrió con una chaqueta. Los dos supuestos acompañaron a sus soldados hasta el auto. Les desearon buena suerte. Los cuatro intercambiaron abrazos y cruzaron los dedos con el símbolo de la pandilla.


Mientras conducían hacia la casa de los Moreno, González dice que rezaron.

Le pidieron a Dios que todo saliera bien. Ellos rezaron para no dispararle a la persona equivocada.

El reporte de lo que sucedió después proviene de las declaraciones de González y Cisneros en la corte.

González estacionó en un callejón y bajó del auto mientras Pérez se ponía los guantes, se subió la capucha de su sudadera negra y recogió el arma del asiento trasero. Vió a Pérez en la esquina. Pocos segundos más tarde, escuchó los disparos.

Bang. Pausa. Bang. Pausa. Bang. Pausa. Bang. Pausa

Puso en marcha el coche y vió a Pérez corriendo, el arma en su mano derecha. La puerta trasera del lado del conductor estaba rota, por eso Pérez tiró el arma a través de la ventanilla y dió la vuelta por la parte trasera del auto. Pérez estaba asustado pero también entusiasmado cuando saltó en al asiento de adelante. "No puedo creerlo, lo hice", le dijo a González.

Mientras conducían de regreso, Pérez se aferró a una imagen: la forma en que las cortinas blancas volaban desde la ventana pequeña a la puerta cuando los impactos alcanzaron la casa.

En la casa de los Hernández en la calle 14, los tres miembros de la pandilla estaban esperando en el porch, fumando un porro. Cisneros dijo que Pérez y Gonzáles estaban entusiasmados cuando llegaron.

"Lo agarramos" dijo Pérez al bajarse del auto.

"Buen trabajo" dijo Hernández. "Cumplieron la misión sin arruinarla."

Fueron hacia adentro, y Hernández deslizó el arma debajo de la cama. Entonces escucharon sirenas. Primero la policía. Después la ambulancia. Ellos sabían lo que significaba.

"Hombre, le disparaste a alguien” " Le dijo Cisneros a Pérez.

Media hora después, los dos estudiantes de secundaria dejaron la casa del supuesto líder de la pandilla. Condujeron hacia el oeste en Minnesota Avenue y pasaron por la parte norte de la calle de Carlos. El área estaba bloqueada con barricadas policiales y taponadas con carros de escuadrones y vehículos de emergencia. Cuando llegó a su casa González dijo que encendió la televisión en un canal de noticias, vio un hombre cargando una niña pequeña afuera de una casa. No tuvo que esperar mucho hasta recibir un llamado de Pérez.

"Tranquilízate" le dijo González a Pérez. "Si mantienes la boca cerrada, yo también."

En la ambulancia, Ramona rogaba a su hija que permaneciera con ella. En el hospital Children´s Mercy, vio a los doctores llevar a Yelena en una camilla con un camisón de hospital, su cabeza envuelta en un vendaje. Le dijeron a Ramona que un disparo de escopeta había dañado partes vitales del cerebro de su hija - las partes que controlan el estado conciente.

Ramona dice que no podía dejar ir a Yelena. Mientras llevaban a la niña a cuidados intensivos, Ramona permaneció con su hija para quién habían comprado la película Happy Feet ese mismo día. Le dijo a la niña que quería a ver la película juntas otra vez. A las dos de la mañana, los doctores determinaron que Yelena había caído en un estado vegetativo permanente. La familia estuvo de acuerdo en desconectar el respirador artificial. Hasta ese momento Ramona esperó un milagro, mientras cesaba la asistencia a las funciones vitales. Pero Yelena dejó de respirar.

El día de su funeral, Carlos ayudó a Ramona a vestir y a maquillar a Yelena. Ella sabía que se sentía culpable por su parte en la muerte de la niña, y le dijo que no se sintiera mal. Pero le preguntó por qué se enredó en una pandilla violenta.

"¿Por qué estás peleando por un lugar que no es nuestro?" recuerda haberle preguntado.

Después del ataque, Carlos cooperó con la policía. Les dio nombres de los miembros de Familia Loca y dijo que sospechaba que Franco y Hernández eran responsables del ataque. Pero su prontuario había crecido durante el 2007. En julio, estaba en un carro con placas robadas que fue detenido por la policía de Kansas City, Kansas. Admitió a la policía que todavía era miembro de F13. En septiembre, se declaró culpable de cargos de robar un carro en Jackson County, Missouri, y fue puesto en libertado condicional. En noviembre fue arrestado nuevamente en Kansas City, Kansas, por violencia doméstica y asalto a un oficial de la justicia. Luego que cooperara con los fiscales en su investigación del ataque, el gobierno lo deportó a México.

La policía emitió una orden de captura para Franco y Hernández, pero ya se habían marchado. Los miembros de la pandilla testificaron que creían que Hernández se había marchado a México. Todavía anda suelto.

La novia de Franco, Marylin Chávez, dice que, en los días posteriores al ataque, Franco le dijo que no estaba implicado. Dijo que no ordenó el ataque. Pero le dijo The Pitch que Franco sabía que iba a ser sospechoso por su afiliación con la pandilla y sus condenas anteriores.

De acuerdo a los registros de la corte juvenil, Franco fue convicto de dos cargos de robo agravado y descargo criminal de arma de fuego sobre una propiedad ocupada en 2003. En 2006 fue acusado de ayudar a un criminal. En ese caso condujo el carro en que se escaparon de un drive-by-shooting que hirió gravemente a dos mujeres. Su abogado adujo en corte que él no conocía la intención del que disparara y, dado su estatus de menor, merecía la oportunidad de libertad condicional. Pero Franco no hizo ningún pago de restitución de los 15.000 dólares que fue ordenado pagar a las mujeres heridas, ni se reportó a los oficiales de la corte. Su libertad condicional fue revocada.

Para ganar dinero para pagar a un abogado, Franco fue al estado de Iowa a trabajar. Pero el 14 de julio, mientras manejaba en un carro con su primo, la policía de Kansas City, Kansas lo reconoció. Intentó escapar, y la policía dice que abrió fuego a los oficiales que lo perseguían. El 16 de julio, la policía presentó cargos en su contra, estos cargos fueron de asalto a un oficial, posesión criminal de armas y entrada ilegal a una propiedad.

Ese día se reunió también con un detective de homicidios de Kansas City, Kansas. Le dijo que sabía lo que había pasado la noche en que dispararon contra Yelena. Le dijo que Luis González fue quién condujo el carro y Daniel Pérez quién tiró del gatillo. El 19 de julio, González le dijo a la policía que José Franco había sido quién dio la orden.

Para fin de año, Jerome A. Gorman, fiscal de Wyandotte County, acusó a los cuatro adolescentes con asesinato en primer grado.


El 11 de marzo, la mañana en que Daniel Pérez comenzara su juicio por asesinato de primer grado, la corte de Wyandotte estaba fria y en silencio. Los fiscales llevaron en un carrito los gruesos archivos con las declaraciones policiales y cajas de evidencias selladas en sobres oficiales.

La familia Guzmán, sentada en la primera fila de la galería vacía. Pérez parecía un niño a quién han llamdo a la oficina del director en la escuela. Llevaba una camisa blanca limpia, pantalones blancos y una expresión vacía en su cara. El muchacho de 17 años, que estaba siendo juzgado como adulto, ocasionalmente escribía notas en un anotador amarillo mientras González testificaba en su contra.

A cambio de testificar en contra de sus amigos, González había aceptado la oferta de declararse culpable de asesinato en primer grado y recibir sentencia de la corte juvenil; podría recibir sentencia de hasta 7 años en detención. Durante la declaración los huesos de su clavícula sobresalían del uniforme azul de detenido, y los fiscales tuvieron que recordarle que hable alto para ser entendido. Él respondía preguntas con un "yes, sir" (si señor) y "no, sir" (no señor). Inclinó la cabeza y miró a Pérez. Ansiosamente cruzaba y descruzaba sus manos y refregaba su pulgar en sus palmas.

Además del testimonio de González, los fiscales llamaron a Cisneros, que recordó lo que había sucedido en la casa de los Hernández. Cisneros no participó en los planes del ataque y no fue acusado del crimen.

Los fiscales hicieron traducir conversaciones telefónicas grabadas que Pérez hiciera desde la cárcel y leyeron estas traducciones en la corte. El adolecente habló seguido con su madre, discutiendo la evidencia en su contra y demostrando preocupación porque el testimonio en su contra era fuerte. En una conversación el 21 de diciembre, Pérez le dijo a su madre que rezar ya no lo ayudaba.

"¿Eres culpable?" preguntó su madre.

"Pues si" respondió él.

Pérez no testificó, y no respondió a los pedidos de entrevista de The Pitch. Después de tres días de testimonio, le llevó al jurado solo cuatro horas encontrarlo culpable de asesinato en primer grado. La semana pasada Juez John McNally sentenció a Pérez a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional por 20 años.

Durante una semana de tormentas, José Franco se sentó en la misma corte fría, enfrentando los mismos cargos. El fiscal Michael Russell, presentó al jurado que Franco era tan culpable como Pérez porque Franco dió la orden y ayudó a planear el ataque.

Franco estaba vestido con un polo y con pantalones caqui. Su pelo negro y largo estaba recogido hacia atrás. No como Pérez, él se veía asustado mientras miraba a la corte con ojos cansados.

Nuevamente González volvió a contar los eventos que llevaron al ataque. Esta vez se veía más ansioso. Movía sus piernas nerviosamente. Miraba más frecuentemente hacia la mesa del defendido. Luego de casi una hora de interrogación del fiscal, González se frotó la cara a punto de llorar. Franco mantuvo la mirada firme hacia adelante.

William Dunn, el abogado de Franco, puso en duda la historia de González. El 19 de julio González le dijo a la policía que había sido Franco quien había ido con ellos cuando pasaron con el carro por la casa antes del drive-by shooting. El 6 de Septiembre había dicho que era Hernández quien lo habí hecho. El abogado Dunn señaló las discrepancias y sugirió al jurado dudar del testimonio de González.

Cuando Cisneros testificó, sorprendió a los fiscales al negarse a cooperar. Sacó un pequeño pedazo de papel y leyó, " Con el debido respeto al señor Russell y a la corte, me rehúso a declarar acerca de José Franco hasta que me garanticen la protección a mi familia."

El juez le informó a Cisneros que no tenía derecho a no declarar. Él no estaba siendo acusado en ese caso y, si no hablaba iba a ser detenido. Cisneros expresó que entendía las consecuencias y siguió rehusándose a hablar.

Dunn no llamó a ningún testigo. No fue necesario, dijo en su alegato final. No había evidencia física que conectase a Franco con el crimen. La única persona que podía conectar a Franco con al ataque era González, un hombre que cambió su opinión acerca de su amigo de toda la vida y cambió su historia en las declaraciones policiales, dijo Dunn. Un hombre que hizo un arreglo beneficioso a cambio de su testimonio, agregó.

"Ustedes no pueden declarar culpable basándose en esta clase de testigos". dijo Dunn en su alegato final. "Ustedes tienen un delator de cárcel. Eso es todo."

Mientras el jurado se formaba, Franco miró a cada uno a los ojos. Antes del almuerzo la cuenta era 9 a 3 en favor a la culpabilidad. El factor de duda era la credibilidad de González, si su historia era o no confiable. Después del almuerzo uno de los jurados todavía no estaba convencido. A las 3 y media el jurado le dijo a McNally que estaban bloqueados y no podían llegar aun acuerdo. El juez declaró la anulación del juicio.

Russell le aseguró a los Guzmán que el caso iba a ser llevado a corte nuevamente. Pero llevar a corte un caso más de una vez lo hace cada vez más difícil, dijo Fernando. Dos veces él y Ramona tuvieron que mirar las fotos de la casa iluminada con las luces de la policía aquella noche. Dos veces tuvieron que escuchar al forense describir las heridas de Yelena y ver imágenes de su autopsia.

Fernando dice que es un golpe duro ver muchachos tan jóvenes sentados en el banco de los acusados. Pero no siente simpatía por ellos. Los adolescentes, dice, nunca han tratado de demostrarle su arrepentimiento.


Un mes después de la muerte de Yelena, Ramona supo que estaba embarazada. Dió a luz a Fernando Junior el 11 de enero. La pareja no quiere que su niño crezca rodeado de la violencia pandillera que detuvo la vida de su hermana, así que están considerando dejar Kansas City, Kansas.

Pero aquí fue la casa de Yelena. Aquí fue donde Fernando esperaba que ella practicase deportes en la secundaria antes de ir a la universidad. Aquí la enterraron, en el cementerio Maple Hill en el distrito de Argentine. Ahora la visitan los domingos en una colina cubierta de árboles siempreverde.

Su tumba se reconoce por una lápida negra. En el centro hay una foto de la niña de dos años con coletas y el esbozo de una sonrisa. Arriba de la foto su sobrenombre “La Choky.”

El 4 de Abril, la familia de Yelena visitó el cementerio para conmemorar un año de su fallecimiento. Le llevaron globos y rosas, y las dejaron junto a los suaves narcisos, muñecos miniatura de Elmo y ángeles de porcelana que rodeaban la tumba.

Debido al clima áspero y la distancia desde el estacionamiento a la tumba, Ramona siempre había insistido que Fernando Jr. se quedase en el carro. Pero por primera vez desde su nacimiento, en enero, las tarde estaba cálida y soleada.

"Mira Yelena, es tu hermano" dijo Fernando a Yelena enseñándole a Fernando Jr. "Él te ama y te extraña."

Fernando le dijo que la familia tenía que dejarla ir, pero que siempre estará en sus corazones.

Y dejaron que los globos floten en el aire.


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